Un tristemente rico almuerzo
Yo quería mi Shambar de lunes.
¿Te ha pasado que un día se te da por buscar un plato particular para degustar?
Uno. Así funciona el cuerpo humano, una hormona llamada ghrelina alerta a nuestro cerebro sobre la necesidad de comer. Hoy tuve mucha de esa hormona, entonces. Pero buscaba un plato liberteño, uno santiaguiño, con mucho trigo, arvejas, habas, etc. pero no tuve éxito.
Sin embargo, opté por el tradicional menú y, camino hacia el restaurante habitual, sentí una inmensa tristeza, cada paso que daba por las calles viruñeras las sentía y escuchaba como un largo eco como de quien estuviera dando sus últimas zancadas, menuda cosa.
Creo que nunca me había puesto a observar minuciosamente la forma de las cosas, o el color. Esta vez lo hice con mi plato de entrada: yuquita rellena. La comí con tanta nostalgia, como quien yace lejos de su lugar natal y saborea el plato añorando lo que es, cómo lo preparaban en casa y con quién/quiénes lo compartía.
Dos. Hoy tuve un día de esos tristes, están siendo muy seguidos últimamente. Eso pasará. Espero que la sazón de la rica comida a la que estoy acostumbrada a embocar en mi tierra, no.
Tres. La felicidad son instantes, está confirmado.
Virú, mayo 08 del 2023.

Comentarios