Un "Xeno" incumplidor

Mi trayectoria periodística es corta. Si bien, ejerzo las Comunicaciones hace más de una década (contada desde mi primera vez que radio La Grande con Boris Arguedas en el mando, me dio la oportunidad -estando en mis primeros ciclos universitarios- de reportear para su programa "En la mira", no me creo ni nunca lo sentí así, llamarme Periodista. Creo que el calificativo me queda demasiado grande, creo que muchos compañeros lo mal usan al llamarse así y, creo que otros colegas del medio lo tienen bien ganado y les calza perfecto.

Me he dedicado a hacer prensa, claro que sí. A mis 22 años, allá en el 2011, en radio La Grande era una chiquita entusiasta por aprender, pero eso sí, siempre sudando la gota gorda por cumplir con mis deberes de hacer mis notitas, eso siempre, jamás tarambana.

Por el 2017, reporteé para tiempos del Fenómeno del Niño en la Provincia de la rica ciruela. Por esos tiempos se me presenta la oportunidad de ir al sur Chimbotano y seguir viviendo la adrenalínica experiencia del trabajo periodístico verdadero, ese del campo, del a pie; y de las hermosas satisfacciones con la que la misma labor te recompensa como el conocer in situ diversas culturas, historias, realidades... E incluso, como yapa,  reportear en ese año me hizo acreedora de una extorsión por ejercer a cabalidad la profesión (lo que algunos pretendían acallar) ...gajes del oficio.

Esas son mis experiencias exclusivas e historias más cercanas con el periodismo, por eso, autodesignarme como tal, considero que es una verdadera falta de respeto para quienes sí se lo llevan muy bien puesto.

Por supuesto, entre los años no mencionados y, que no hice prensa como tal, me dediqué a la locución de varios programas radiales, conducción de un noticiero, producción radial, gestión de eventos culturales, corrección de estilos, análisis de medios y como jefe de contenidos; es decir, plenamente ligada a las comunicaciones siempre (menos mis últimos años viviendo en Lima, historia aparte). Por eso, en mis redes sociales describo mi situación profesional con veracidad y la remarco con orgullo: soy Comunicadora Social.

Hace un mes y diecinueve días (07.03.23), luego de tocar puertas en una provincia que no es la mía, un medio de comunicación y yo llegamos a un acuerdo laboral y verbal (estupidez la mía) de hacer prensa , volver a tomar un micrófono y reportear como en los viejos tiempos. Suscitaron algunas cosas de las que no estoy acostumbrada a trabajar, como la falta de diálogo y trabajo en equipo, renuncié en su momento pero con la llamada del dueño decidí proseguir porque si bien el pago salarial no se ajustaba ni siquiera a uno honorable, en algo ayuda. Y, porque algo de lo que me dijo el propietario sí reconozco cierto: "el canal te puede servir para que la gente te conozca, y luego puedas tener a la par oportunidades laborales"; por supuesto, toda la razón.

Pero hace unas horas renuncié (26.04.23), una serie de incumplimientos acordados inicialmente no se estaban cumpliendo completamente y, he sentido, que hay una jugaba bien hecha para hacer creer al comunicador -en este caso- que deberíamos estar agradecidos por darnos empleos porque "otros con menos salario, no se quejaban". Pero, tan sabia es la vida que muchas semanas atrás ya me habían anticipado la actitud recurrente del medio, solo que yo no quise escuchar, pero hoy me tocó vivirlo y ya está.

Esta situación de que algunas personas crean que nos hacen un favor por "contratarnos" me parece tan deprimente. E incluso, triste y decepcionante ha sido que por algunas descoordinaciones internas (qué aburrido para ti que lees esto que te cuente a detalle todo), se haya maldadosamente cogido parte de mi salario para ser descontado; dignidad profesional que absolutamente he tenido y, por ello, di un paso al costado.

Puedes ser todo en la vida, menos miserable y malvado. Pero son las cosas a las que los aún subordinados estamos expuestos a pasar.

Claramente, la otra parte tiene su versión; yo las pruebas y los testigos. 

Yo guardo una pequeña esperanza de que futuros comunicadores (sí, sobre todo los de mi carrera), adolescentes, jóvenes por egresar de la Universidad, sepan que lo que nos enseñan en las aulas es tan cierto como lo que se vive fuera, en la vida real; con la salvedad de que adentro sentado en una carpeta no te afecta; afuera frente a la realidad sí duele y decepciona. Estén preparados para eso y más.

Siempre escuché a algún profesor durante su clase en la universidad cuando hablaba de la ética profesional que debemos tener para ser firmes con nuestros pensamientos e ideales, que no optemos por lineamientos e intereses impuestos por la empresa contratista y, vaya ¡qué cierto!. Pero hoy agrego algo más aparte de la ética profesional, y es la Dignidad Profesional, no sé si exista el término, pero calza perfecta en esta situación que acabo de vivir. Y la entiendo como el no permitir seguir en un trabajo en donde se incumplen acuerdos iniciales y, que posteriormente, se tiene la maldad de cogerse de lo que más le duele a un trabajador: su salario.

Sé que el mensaje aplica para todas las profesiones.

Sé que hay muchos "dueños xeno" en esta vida y, muchas Katherine Vilca indignadas y ados que la pasan peor, pero que sea una reflexión para ustedes y un desahogo para mí.


P.D. Soy un ser bondadoso, casi caído del cielo. Por eso, cualquier disculpa, mea culpa, pensamiento con la cabeza fría que llegue a tener la contraparte o cualquier sucedo, etc. por supuesto que aceptado, pero no olvidado.

La cordialidad y el respeto por delante; pero las cosas claras y en tu cara, siempre. 










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