Amor en la alta sociedad
AMOR EN LA ALTA SOCIEDAD
Katherine Vilca Isla
Katy14_evi@hotmail.com
Sofía es una joven de 18 años. Acaba de terminar la secundaria y ahora se prepara en un centro pre-universitario de una Universidad Privada en la que piensa estudiar arquitectura. Su padre, abogado de profesión, siempre ha sentido gran interés sólo por el estado académico de su “pequeña” hija. María, economista mediocre, sólo le interesa aumentar las utilidades de su empresa, dejando de lado a su única y no muy querida niña.
Tirada en su cama, escuchando música de su computador portátil, se encuentra la frágil y engreída Sofía. Tiene la mirada desviada en ése su mundo de recuerdos.
Carlos, pensativo en su oficina, medita sobre su vida, la de Carmen-su amante- y sobre todo sobre la de Sofía, su pequeña Sofía.
No sabe si arquitectura en verdad le importe a su hija; la histérica de su esposa dispuso esa carrera por ser la más cara, y es que para gente como ellos, todo debe ser costoso-sinónimo de calidad-.
Pero Carlos sabe que su hija no nació para ser arquitecta, en realidad nació para ser la engreída, una más de las caprichosas que hay.
Sofía repitió de año cuando cursaba 5to de secundaria, se evadía de clase, asistía a discotecas los fines de semana y compraba ropa cada sábado por la tarde.
Lo que no sabe, es que su pequeña quiere ser una gran modelo, quiere sentirse rodeada de gente poderosa y que esté dispuesta a despilfarrar el dinero.
Roberto, su novio, ha dejado de llamarla hace dos semanas, por eso Sofía se aleja de la realidad y sólo piensa en la discusión que tuvieron a causa de su aniversario, habían cumplido dos años de estar juntos y su noviecito había olvidado la fecha. Y claro!! Roberto quiso recompensar todo con un majestuoso regalo, que por cierto, no era nada despreciable; pero el orgullo de su princesita pudo más que cualquier alhaja.
Es curioso, Sofía sigue triste porque ya hace varios días que no ve a su novio. No quiere comer, está todo el día en su habitación y no deja de escuchar música de un grupo “desconocido” – desconocido para gente vulgar, común y corriente como tú o como yo-.
El reloj acaba de marcar las 2 de la tarde y Sofía se ha quedado dormida. Hoy no fue al centro pre-universitario; el desánimo y tristeza la han dejado envuelta entre sus sábanas junto a la laptop que no deja de sonar con ésa, su canción favorita.
De pronto, ha despertado de un sobresalto al escuchar el sonido que alerta la recepción de un nuevo mensaje electrónico. Soñolienta lo ignora y pone a descansar su cabeza sobre la almohada, drogada de melancolía.
No le extraña que papá no haya llegado a almorzar – que por cierto está con Carmen, disfrutando de un delicioso almuerzo – no, no le extraña porque lo ha olvidado. Como ha olvidado que mamá llega siempre a las 7 de la noche y de frente va a su habitación a recostarse y dormir plácidamente hasta el día siguiente que se levanta, no toma desayuno y se va a trabajar. Ha olvidado que está sola en casa, que lleva toda la mañana y parte de la tarde tirada sobre su cama como muñeca de trapo que ha nadie importa sino cuando es para jugar. Ha olvidado que hay un mensaje esperando ser leído y que probablemente no leerá hasta que pase el efecto de aquel medicamento drogadizante llamado tristeza.
Han pasado tres horas y esa canción ha sido repetida por Sofía más de veinte veces. Tiene la mirada fija hacia el techo de su habitación, sigue pensando y no para de pensar.
Poco a poco está volviendo en sí, ha decidido levantarse de su cómoda cama e ir a tomar un poco de yogurt light y unas cuantas tostadas con mermelada. Se limpia los ojos lagrimosos. Mientras camina de regreso en dirección a su dormitorio, recuerda que en ese pasadizo por donde ahora se encuentra, estuvo con Roberto, tomados de la mano, besándose apasionadamente.
Sigue caminando, tratando de pensar en otra cosa. Se asoma por la ventana de su tercer piso y ve que todo está igual que siempre: tranquilo, silencioso y sin novedad alguna.
Ha llegado a su habitación y ha decidido apagar su laptop y encender el televisor. Se ha puesto a ver su serie favorita, dedicada sobre todo para quienes sueñan con ser modelos.
Ya lleva dos horas entretenida en el programa, pero como falta casi nada para que termine, decide llamar a su papá por que ha notando que son ya las 7 de la noche.
- ¿Aló, papá? - pregunta intrigada
- Sí mi pequeña – responde el padre
- ¿ A qué hora llegarás? –
- Dentro de 1 hora estoy por allí – le responde nervioso, al darse cuenta que olvidó llamar a su “pequeña” para avisarle que no iría a almorzar hoy con ella.
- ¿ Por qué tan tarde papá? – reclama Sofía
- Hay demasiado trabajo en la oficina hija -
- Es que papá … no te demores tanto – insiste la frágil chica
- Ya pequeña. Iré en cuanto me desocupe para cenar juntos – le responde su padre
- Ya cené papá. Más bien quiero que salgas antes de las 8:00 del trabajo para que me compres la revista de todos los martes recuerdas? – le dice Sofía
Carlos se queda callado frente a la frialdad de sus palabras, ha sentido un escalofrío en su interior, pero calla, lo ha sentido él y nadie más que él.
- Top Model, ¿cierto?- le pregunta Carlos a su hija
- Si, si. No te olvides eh! Porque ya quiero leer la nueva edición de hoy. Bye – y cuelga fríamente.
Carlos ha sentido esa indiferencia afectuosa por parte de Sofía, quien ignora sentimientos ajenos y vive preocupada por sí misma.
Ahora Sofía se dispone a prender su computadora portátil, mientras tanto asoma la mirada hacia el exterior, como si esperara la llegada de alguien, que probablemente hoy no aparecerá.
Olvida la ansiosa espera y se dispone a abrir su correo quien espera en él ya no uno, sino dos mensajes nuevos: uno de Roberto y otro de una agencia reconocida de modelaje. Le resta importancia a éste último y opta por leer el mensaje de su aún novio quien al pie escribe:
Amor:
Sé que no es la primera vez que discutimos, pera está en nosotros hacer que sea la última. Llevamos dos años juntos y sabes que te amo y por una tontería como ésta no vale la pena discutir.
Discúlpame por la torpeza hecha, eres testigo de mi amor y cariño y que el olvido
- si así se puede llamar – de nuestro aniversario fue algo no previsto.
Llámalo olvido si quieres, pero sabes lo que realmente sucedió.
Te amo mi princesita. Tú tienes la última palabra.
Besos. Roberto.
Una sonrisa dibuja el rostro de Sofía, quien más tranquila y menos triste, cierra el mensaje para leer aquel otro que está en espera.
Era una cita que debía sacar para un casting al que había sido seleccionada. No espera más y se dispone a imprimirlo para luego seguir viendo Tv.
El reloj marca las 10:00 pm y ahí está Sofía, dormida plácidamente como que soñando con Roberto e ignorando que a esas horas de la noche, mamá no llega aún y, que probablemente papá nuevamente olvidó regresar a casa para cenar con su pequeña.
Tan felices cada quien, pero nadie más que Sofía, quien ahí acostada duerme, sueña e imagina su reencuentro con Roberto, e ignora hoy como todos los días que mamá no llegará a dormir porque yace en plácidos brazos de otro hombre – que no es su padre -, y que éste a su vez ha preferido cenar con Carmen y no con su hija.
Katherine Vilca Isla
Katy14_evi@hotmail.com
Sofía es una joven de 18 años. Acaba de terminar la secundaria y ahora se prepara en un centro pre-universitario de una Universidad Privada en la que piensa estudiar arquitectura. Su padre, abogado de profesión, siempre ha sentido gran interés sólo por el estado académico de su “pequeña” hija. María, economista mediocre, sólo le interesa aumentar las utilidades de su empresa, dejando de lado a su única y no muy querida niña.
Tirada en su cama, escuchando música de su computador portátil, se encuentra la frágil y engreída Sofía. Tiene la mirada desviada en ése su mundo de recuerdos.
Carlos, pensativo en su oficina, medita sobre su vida, la de Carmen-su amante- y sobre todo sobre la de Sofía, su pequeña Sofía.
No sabe si arquitectura en verdad le importe a su hija; la histérica de su esposa dispuso esa carrera por ser la más cara, y es que para gente como ellos, todo debe ser costoso-sinónimo de calidad-.
Pero Carlos sabe que su hija no nació para ser arquitecta, en realidad nació para ser la engreída, una más de las caprichosas que hay.
Sofía repitió de año cuando cursaba 5to de secundaria, se evadía de clase, asistía a discotecas los fines de semana y compraba ropa cada sábado por la tarde.
Lo que no sabe, es que su pequeña quiere ser una gran modelo, quiere sentirse rodeada de gente poderosa y que esté dispuesta a despilfarrar el dinero.
Roberto, su novio, ha dejado de llamarla hace dos semanas, por eso Sofía se aleja de la realidad y sólo piensa en la discusión que tuvieron a causa de su aniversario, habían cumplido dos años de estar juntos y su noviecito había olvidado la fecha. Y claro!! Roberto quiso recompensar todo con un majestuoso regalo, que por cierto, no era nada despreciable; pero el orgullo de su princesita pudo más que cualquier alhaja.
Es curioso, Sofía sigue triste porque ya hace varios días que no ve a su novio. No quiere comer, está todo el día en su habitación y no deja de escuchar música de un grupo “desconocido” – desconocido para gente vulgar, común y corriente como tú o como yo-.
El reloj acaba de marcar las 2 de la tarde y Sofía se ha quedado dormida. Hoy no fue al centro pre-universitario; el desánimo y tristeza la han dejado envuelta entre sus sábanas junto a la laptop que no deja de sonar con ésa, su canción favorita.
De pronto, ha despertado de un sobresalto al escuchar el sonido que alerta la recepción de un nuevo mensaje electrónico. Soñolienta lo ignora y pone a descansar su cabeza sobre la almohada, drogada de melancolía.
No le extraña que papá no haya llegado a almorzar – que por cierto está con Carmen, disfrutando de un delicioso almuerzo – no, no le extraña porque lo ha olvidado. Como ha olvidado que mamá llega siempre a las 7 de la noche y de frente va a su habitación a recostarse y dormir plácidamente hasta el día siguiente que se levanta, no toma desayuno y se va a trabajar. Ha olvidado que está sola en casa, que lleva toda la mañana y parte de la tarde tirada sobre su cama como muñeca de trapo que ha nadie importa sino cuando es para jugar. Ha olvidado que hay un mensaje esperando ser leído y que probablemente no leerá hasta que pase el efecto de aquel medicamento drogadizante llamado tristeza.
Han pasado tres horas y esa canción ha sido repetida por Sofía más de veinte veces. Tiene la mirada fija hacia el techo de su habitación, sigue pensando y no para de pensar.
Poco a poco está volviendo en sí, ha decidido levantarse de su cómoda cama e ir a tomar un poco de yogurt light y unas cuantas tostadas con mermelada. Se limpia los ojos lagrimosos. Mientras camina de regreso en dirección a su dormitorio, recuerda que en ese pasadizo por donde ahora se encuentra, estuvo con Roberto, tomados de la mano, besándose apasionadamente.
Sigue caminando, tratando de pensar en otra cosa. Se asoma por la ventana de su tercer piso y ve que todo está igual que siempre: tranquilo, silencioso y sin novedad alguna.
Ha llegado a su habitación y ha decidido apagar su laptop y encender el televisor. Se ha puesto a ver su serie favorita, dedicada sobre todo para quienes sueñan con ser modelos.
Ya lleva dos horas entretenida en el programa, pero como falta casi nada para que termine, decide llamar a su papá por que ha notando que son ya las 7 de la noche.
- ¿Aló, papá? - pregunta intrigada
- Sí mi pequeña – responde el padre
- ¿ A qué hora llegarás? –
- Dentro de 1 hora estoy por allí – le responde nervioso, al darse cuenta que olvidó llamar a su “pequeña” para avisarle que no iría a almorzar hoy con ella.
- ¿ Por qué tan tarde papá? – reclama Sofía
- Hay demasiado trabajo en la oficina hija -
- Es que papá … no te demores tanto – insiste la frágil chica
- Ya pequeña. Iré en cuanto me desocupe para cenar juntos – le responde su padre
- Ya cené papá. Más bien quiero que salgas antes de las 8:00 del trabajo para que me compres la revista de todos los martes recuerdas? – le dice Sofía
Carlos se queda callado frente a la frialdad de sus palabras, ha sentido un escalofrío en su interior, pero calla, lo ha sentido él y nadie más que él.
- Top Model, ¿cierto?- le pregunta Carlos a su hija
- Si, si. No te olvides eh! Porque ya quiero leer la nueva edición de hoy. Bye – y cuelga fríamente.
Carlos ha sentido esa indiferencia afectuosa por parte de Sofía, quien ignora sentimientos ajenos y vive preocupada por sí misma.
Ahora Sofía se dispone a prender su computadora portátil, mientras tanto asoma la mirada hacia el exterior, como si esperara la llegada de alguien, que probablemente hoy no aparecerá.
Olvida la ansiosa espera y se dispone a abrir su correo quien espera en él ya no uno, sino dos mensajes nuevos: uno de Roberto y otro de una agencia reconocida de modelaje. Le resta importancia a éste último y opta por leer el mensaje de su aún novio quien al pie escribe:
Amor:
Sé que no es la primera vez que discutimos, pera está en nosotros hacer que sea la última. Llevamos dos años juntos y sabes que te amo y por una tontería como ésta no vale la pena discutir.
Discúlpame por la torpeza hecha, eres testigo de mi amor y cariño y que el olvido
- si así se puede llamar – de nuestro aniversario fue algo no previsto.
Llámalo olvido si quieres, pero sabes lo que realmente sucedió.
Te amo mi princesita. Tú tienes la última palabra.
Besos. Roberto.
Una sonrisa dibuja el rostro de Sofía, quien más tranquila y menos triste, cierra el mensaje para leer aquel otro que está en espera.
Era una cita que debía sacar para un casting al que había sido seleccionada. No espera más y se dispone a imprimirlo para luego seguir viendo Tv.
El reloj marca las 10:00 pm y ahí está Sofía, dormida plácidamente como que soñando con Roberto e ignorando que a esas horas de la noche, mamá no llega aún y, que probablemente papá nuevamente olvidó regresar a casa para cenar con su pequeña.
Tan felices cada quien, pero nadie más que Sofía, quien ahí acostada duerme, sueña e imagina su reencuentro con Roberto, e ignora hoy como todos los días que mamá no llegará a dormir porque yace en plácidos brazos de otro hombre – que no es su padre -, y que éste a su vez ha preferido cenar con Carmen y no con su hija.
Comentarios